Cambio de 180 grados

RELATO GANADOR DEL SEGUNDO PREMIO DE LA CATEGORÍA A

AUTORA: ALBA MELGAR CARRO (2º ESO A)

CAMBIO DE 180 º

Esta es una historia un tanto especial, una historia que yo viví de cerca hace unos tres años. Mi nombre es Zeparari, pero todo el mundo me llamaba Zeta. Llevaba en el Instituto tres años y digamos que todo me iba…bien.  Era la típica chica popular que todo el mundo quería. Todo el mundo quería sentarse conmigo en el comedor, la gente se sentía inferior a mí y por eso me tenían más respeto que a los demás. Pero eso a mí no me gustaba nada. Sé que es algo extraño,  puesto que ser popular es el sueño de cualquier chica, pero eso es hasta que lo vives. A mí sólo se me permitía estar con los populares, sólo podía salir con el chico popular de la escuela, el típico chico guapo que todas las niñas querían. Pero yo no quería nada de eso. Mi sueño era conocer a un chico que me quisiese de verdad, poder estar con amigas en las que confío de verdad y que a la gente le cayese bien no solo por ser popular si no por mi forma de ser. Entonces pasó, la vida me dio una oportunidad para hacer esto realidad.

 

 

A mi padre le ofrecieron un puesto de trabajo mejor, así que pidió el traslado. La verdad es que a cualquier chica de mi edad le habría costado mucho hacerse a la idea de que se tenía que mudar, pero a mí no me costó nada en absoluto. Todo lo contrario, estaba ansiosa de llegar a mi nuevo hogar, llegar a mi nuevo Instituto y no ser la chica popular por ser guapa sino por ser una chica corriente. Me despedí de la gente del Instituto y nos dirigimos rumbo al nuevo hogar.

 

 

Cuando llegamos, mi hermana bajo corriendo del coche a ver nuestra nueva casa. Era una casa enorme con piscina, cuatro plantas, muchos árboles… Esa misma tarde fuimos a ver el nuevo Instituto. Era increíble, grande,  bonito y con unas instalaciones impresionantes. ¡Estaba deseando empezar!

 

 

A la mañana siguiente me levanté dos horas antes, y no por ponerme más guapa sino todo lo contrario. Como ya había experimentado ser guapa, ahora me tocaba ser la chica fea. Me vestí con las ropas más viejas que tenía, me puse mis gafas y un maquillaje un tanto extraño. Sería la chica nueva y empollona. Mi madre me llevó al Instituto, no podía negar que los nervios me recorrían todo el cuerpo, pero aún así tenía unas ganas tremendas de ver cómo reaccionaba la gente. El timbre sonó y entré en clase. El profesor me presentó a la clase:

 

      Buenos días chicos, esta es vuestra nueva compañera: Zeparari.

       Llamarme Zeta, solo Zeta. – Dije yo.

       Zeta, ja, ja, por favor…- Contestó una niña un poco extraña.

 

Tenía pinta de ser la niña repipi a la que todo el mundo seguía, es decir la niña popular.

 

Las primeras horas se me hicieron un tanto raras. La gente me miraba con cara de asco. A la hora de comer me quedé un poco en blanco puesto que no sabía dónde sentarme, dónde coger la comida ni dónde nada. frikisEntonces vi a un grupo de niñas, que por lo que yo entendía de mi anterior Instituto, debían de ser las ‘’friquis’’. Así que me decidí a ir donde ellas.

 

        

 

 

–          Hola, me llamo Zeta, soy la nueva chica del Instituto y hasta ahora no conozco a nadie, ¿os importa si me siento con vosotras?

 

        Hola Zeta, ¿estás segura de que quieres sentarte con nosotras?, es decir, nosotras somos las raritas del Instituto, las típicas niñas de las que todo el mundo pasa. – Me contestó una de ellas.

 

        No seáis tontas, claro que me quiero sentar con vosotras, tenéis pinta de ser niñas muy majas y buenas. Mirar, vengo de un Instituto… – Les empecé a contar mi historia. Al principio se quedaron un poco sorprendidas puesto que tal y como iba vestida… pero luego me empezaron a entender.

 

Me  hice muy buena amiga de ellas. Justo lo que pretendía al llegar al nuevo Instituto. Yo les contaba cosas y ellas me contaban cosas. Una de de la que más me hablaron fue de JB.

 

JB era la niña que en la  primera hora de clase se rió de mi nombre y me miró con cara de asco. Es la popular del Instituto pero, al contrario que  yo, era antipática y egoísta,  aunque todo el mundo quería ser su amiga. JB tenía un hermano, se llamaba Álvaro. Era el niño más guapo de todo el  Instituto, todas las niñas iban detrás de él. Tenía un pelo rubio cortito y unos ojazos que le resaltaban la cara. Pero lo más extraño de él es que no se consideraba popular. Tenía un grupo de amigos de la categoría alta, pero él no era lo que quería. Le apasionaba la lectura y su sueño era conseguir a una chica que le quisiese de verdad  y no por su físico. ¿A que es raro…?  ¡Igual que yo! Las chicas me hablaban muy bien de él,  se portaba muy  bien con ellas y siempre ayudaba a los demás.

 

 

Al día siguiente tuvimos una salida didáctica. El autobús era igual que en mi antiguo  Instituto.  Los populares atrás y los no populares delante.  Pero a mí eso me da igual, así que convencí a las chicas para sentarnos atrás.

 

Nos sentamos y ahí es cuando vinieron los problemas. JB y su pandilla vinieron  a sentarse y nos vieron:

 

        Pero mira quien esta aquí, la ‘’frikipandi’’ ja, ja.  A ver, la nueva, ¿hay que darte una hoja con instrucciones de lo que se puede y lo que no se puede hacer? Atrás van los populares, y delante los fracasados.

 

         Entonces, tú tendrías que ser la primera en estar delante, ya que puedes ser muy guapa y todo lo que tú quieras, pero eso no lo es todo. En esta vida hay que ser más que guapa: hay que ser una buena persona y los que no, son los primeros fracasados. – Le dije.

 

         ¿Perdona? Espero que no se te ocurra volver a decir eso y haré como si no lo hubiera oído. Ahora quítate y vete para delante. – Me contestó ella a la vez que me agarraba del brazo.

 

         Suéltala. Tú no eres nadie para decir dónde puede y dónde no puede ir la gente, ¿te enteras?, así que te buscas otro sitio o te vas.- le contestó Álvaro chillándola.

 

Todo el autobús se quedó sorprendido puesto que nadie se esperaba eso. JB se quedo callada y con cara de enfadada se fue hacia delante. Las chicas y yo nos quedamos sorprendidas, pero nos salió una sonrisa de oreja a oreja. Yo personalmente le di las gracias a Álvaro. Desde ese día las chicas y yo nos empezamos a llevar bastante bien con él, dentro de lo que cabe. Siempre que le veíamos por el pasillo nos saludaba y de vez en cuando venía a hablar con nosotras. Desde ese momento la gente le empezaba a mirar mal, pero a él no le importaba como le mirasen  ni mucho menos.

 

 

Llegaba mi cumpleaños, esta vez no iba a ser la fiesta grande que se montaba siempre en mi casa, con bebidas chorreando por todas partes, gente borracha, música a tope y mucho baile. No le había dicho a nadie que iba a ser mi cumpleaños. El día llegó, era sábado y no había quedado con las chicas; preferí estar sola. enplayaFui a la playa a pasear por la orilla y  a ver  la gente como gritaba, corría y se lo pasa bien. Me senté en la arena y entonces una pequeña voz me cantaba el cumpleaños feliz por detrás de mí. Al principio me asusté un poco, pero al segundo me di  la vuelta. Álvaro estaba detrás de mí:

 

         ¡Feliz cumpleaños Zeta!- me dijo él.

        ¡Álvaro! –le grité con cara de sorpresa. – Muchísimas gracias, pero ¿cómo sabías que era hoy mi cumpleaños y que haces aquí?

        Tengo mis contactos, es que ayer revisando las fichas de los alumnos me encontré la tuya y vi la fecha de nacimiento – me comentó él.

        Pues, no sé qué decir. Muchas gracias de verdad, me ha hecho mucha ilusión.

 

Estuvimos todo el día juntos, me invitó a comer  y al acabar la tarde me llevó a un sitio bastante raro, pero a la vez bastante bonito. Me regaló un osito de peluche enorme, estuvimos hablando, pero de repente me dijo que se tenía que ir. Me acercó a casa y se fue.  Estuve toda la noche pensando en porqué se habría ido de esa manera, pero no me preocupó mucho porque había pasado todo el día con él.

 

El lunes les conté todo a las chicas, yo estaba súper contenta pero algo  me daba mala espina. A la hora del recreo nos cruzamos con él, estaba con su pandilla pero no importaba,  nosotras le saludamos y él se empezó a reír de nosotras. No entendía nada. Detrás de él venía su hermana con su grupo de amigas…

 

         A ver, Zeta,  ¿de verdad te pensabas que Álvaro se iba a preocupar por vosotras o que en algún momento le llegaras a gustar? No seas tonta, por favor. Mírate: eres fea y tienes un grupo de amigas ‘’friquis’’ igual que tú. Mi hermano es el chico más gustado por todo el Instituto, no pretenderás que se vaya a fijar en una como tú ¿verdad?

 

         Pues… mira, seremos feas y todo lo que tú quieras, pero somos amigas y podemos confiar unas en las otras, tú tienes amigas y amigos por calidad. Piensa en eso – la contesté.

 

 

Las palabras que me dijo JB me dejaron hecha polvo, les dije a las chicas que estaba destrozada y me fui a casa. Estuve encerrada en mi cuarto toda la tarde,  pensaba en por qué Álvaro me había regalado el peluche. Le cogí y me pude a abrazarle y a tirarle contra la pared. Entonces cayó una carta. Me quedé un tanto sorprendida, la cogí y la empecé a leer:

 

carta-de-amor‘’Feliz cumpleaños, Zeta. Espero que hayas tenido un buen cumpleaños conmigo, al menos lo he intentado. Hace unas semanas, cuando llegaste, no sentí nada,  me parecías una chica normal, como otra cualquiera. El día que te vi acercarte a las chicas me quedé sorprendido, ya que nadie quiere ir con esas chicas. No lo pude remediar y me acerqué un poco y oí tu conversación. En ese mismo momento supe que eras distinta, que no eras como ellas. Luego, el día del autobús, cómo te enfrentaste a mi hermana me dio más motivos aún para pensarlo. Me empecé a fijar en ti, eras muy distinta a las chicas, pero aún así querías ser como ellas porque querías ayudarlas, querías ser su amiga. Yo me fijo todos los días en ti y eso es algo que ni yo me lo esperaba. No sé si te lo habrán dicho, pero yo nunca me fijo en las chicas porque pienso que solo se fijan en mí por ser popular y yo no me considero así, pero llegaste tú y me has hecho cambiar. Pienso que eres diferente a todos los demás, que ocultas algo. Zeta, estos días en el Instituto me notarás de una manera muy incorrecta contigo, pero es porque estoy harto de los demás, de lo que me dicen sobre ti y lo que piensan de mí por estar contigo. Te prometo que esto acabará pronto, porque yo lo único que quiero es que estemos juntos. Dentro de dos semanas es el baile de primavera y me gustaría que me acompañases porque me da igual lo que piensen y digan los demás. Perdóname por el comportamiento de esta semana y piénsate lo de venir al baile conmigo, el día del baile estaré a las diez en punto en medio de la pista. Espero que vengas.

 

Un beso,                                         

 

Álvaro’’

 

 

Después de la carta las lágrimas  me caían, me quedé pensando en todo y me di cuenta de cómo había detectado que yo era distinta a la persona que estaba fingiendo ser. Me propuse ir al baile con él, pero no estaba segura. A las chicas no les comenté nada de esto.

 

Solo quedaban tres días para el baile de primavera y yo ya estaba de los nervios, necesitaba una cosa, solo una, que me hiciera decidirme a ir o no ir. Entonces los altavoces del Instituto empezaron a sonar y la chica de la cabina dijo:

 

‘’Este es un recado para la chica del gran peluche con la carta. Ven conmigo al baile, por favor’’

 

Era justo lo que yo necesitaba para decidirme, entonces ya lo tenía claro: iba a ir al baile con Álvaro.

 

Llegó el día del baile y los nervios me recorrían todo el cuerpo, no solo porque iba a ir con él, sino porque le iba a confesar a todo el mundo quién era yo de verdad. Por la mañana me fui a comprar el vestido más bonito que hubiera en toda la ciudad. Me cogí uno blanco largo y unos zapatos azul cristal. Cuando llegué a casa quedaban solo tres horas para que empezase el baile. Me duché, me arreglé las cejas, me puse el mejor maquillaje que tenía, unos pendientes de plata, me vestí y mi madre me recogió el pelo y me puso una diadema dorada.

 

Estaba preparada y quedaba tan solo media hora para las diez. Cogí un antifaz blanco. Mi madre me llevó al baile. Antes de entrar por la puerta me puse el antifaz. Estaba bajando las escaleras cuando me di cuenta de que todo el mundo me miraba. La gente hablaba. Cuando llegué a bajo se formó como una especie de camino y al final estaba Álvaro. No se esperaba para nada que fuera yo. Me acerqué y le salude. Él no tenía palabras. Entonces yo decidí contárselo a la gente.

 

         Hola. Me imagino que la mitad de la sala se habrá quedado sorprendida y la otra mitad preguntándose quién soy. Pues me conocéis todos. He llegado al Instituto hace solo dos meses y la mayoría de vosotros me discriminaba por ser fea. Me mudé hace poco y en mi Instituto era la popular pero eso me cansaba, quería conocer a un chico que me quisiera por mi forma ser y por cómo soy, no por ser guapa o fea, y quería tener amigas de verdad, no amigas que vinieran conmigo por calidad. Ya veis, soy Zeta y estoy aquí única y exclusivamente porque me he enamorado de una persona. Sí, Álvaro, me he enamorado de ti y porque viniste a  mí,  a pesar de que fuera fea, de que la gente hablase mal de mí y luego hablase mal de ti, pero, sobre todo, porque lograste descubrir que era diferente a la persona que estaba fingiendo ser y que ocultaba algo. No tengo nada más que decir.

 

Todo el mundo se quedó sorprendido, Álvaro se acercó a mí me rodeó con sus manos la cintura y me dijo: ‘’ Te quiero ‘’. enamorEsa fue la mejor noche de mi vida. Hoy Álvaro y yo hacemos un año juntos y nos va de maravilla. Solo esperamos que siga así por mucho tiempo más.

 

Alba Melgar Carro, 2º ESO A

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1 Response to “Cambio de 180 grados”


  1. 1 Patricia Bence Castilla agosto 16, 2009 en 8:36 pm

    Agradeceríamos, una vez más, la posibilidad de difundir por ese medio, nuestro concurso literario y las diferentes actividades que desarrollamos, de ser éstas, compatibles, con esa prestigiosa página. Gracias.
    Patricia Bence Castilla, editora

    de Patricia Bence Castilla

    http://www.ruinascirculares.com


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