“Leer con la luz de la luna”

RESUMEN

El libro digital es un interesante y divertido complemento al libro tradicional, pero nunca podrá sustituirlo. Para leer de verdad hace falta una concentración que solo podemos conseguir a través de los libros de papel.

COMENTARIO CRÍTICO

Nos encontramos ante un artículo de opinión escrito por Arturo Pérez Reverte titulado “Leer con luz de luna”. Podríamos decir que el tema del texto es la defensa del libro de papel como único soporte posible para realizar una lectura de verdad, o, dicho de otro modo, la prevalencia de éste sobre el libro digital. Indirectamente, también es una alabanza de la lectura en sí misma, como una actividad que enriquece al ser humano de un modo incomparable.

Externamente, el texto consta de treinta y dos líneas distribuidas en tres párrafos, siendo el segundo de ellos el más extenso (aunque las barras nos indican que el texto ha sido recortado, por lo que esta estructura puede no corresponderse con la del texto original). En cuanto a la estructura interna, podríamos plantear una división en tres partes, haciéndolas coincidir con los tres párrafos:

  • En la primera parte del texto el autor plantea la cuestión sobre la que va a escribir (la oposición entre el libro digital y el de papel, un tema por el que, según él, le preguntan con frecuencia) y adelanta que para él lo ideal sería que se tratara de dos soportes complementarios y no opuestos.
  • En la segunda parte, el autor comienza hablando de las supuestas ventajas del libro electrónico, aunque lo hace con cierta guasa, para acabar concluyendo que la lectura de verdad solo es posible con un libro de papel, el único que nos permite concentrarnos en el acto de leer haciendo que nada pueda enturbiar nuestra relación íntima con la historia que tenemos entre manos. Por ello, concluye este párrafo decantándose claramente por el soporte tradicional.
  • En la última parte del texto, Arturo Pérez Reverte insiste en su tesis aportando más razones por las que prefiere el libro de papel y cierra su artículo añadiendo que no le preocupa que su predilección por los libros tradicionales le aleje en el futuro de los gustos de la mayoría.

La actitud del autor es claramente subjetiva a lo largo de todo el texto, pues expresa su propia opinión acerca del dilema que plantea (la oposición entre el libro de papel y el libro electrónico). Por ello, emplea continuamente la primera persona del singular responsabilizándose así de sus afirmaciones (“me preguntan”, “opino”, “veo”, “respondo”, “mi trabajo”, “me da igual”, “me la refanfinfla”, “yo escribo”…) y utiliza un léxico claramente subjetivo (“divertido”, “simpática gilipollez”, etc.). También muestra una actitud irónica cuando habla de las supuestas ventajas que tiene el libro electrónico: “Cuando lees, por ejemplo, «Tienen, por eso no lloran / de plomo las calaveras», puedes ilustrarlo con la foto de guardias civiles que hizo Robert Capa, escuchar a Estopa, ver cómo va el Barça-Osasuna y mandar un emilio a tu churri anunciando que le vas a sorber el tuétano…”.

La intención del autor es convencer a los lectores de la prevalencia del libro de papel sobre el libro electrónico y hacernos reflexionar sobre las ventajas que siguen teniendo los libros tradicionales, que se están viendo desplazados por los e-books. El autor considera que lo ideal sería que ambos se complementaran, pero tiene claro que la lectura de verdad se debe hacer con un libro de papel. Para resultar persuasivo Pérez Reverte se sirve de varios recursos, como el uso de la ironía (pretende crear cierta comicidad), de un vocabulario coloquial que le acerca a los lectores (“gilipollez”, “refanfinfla”, “emilio”, “churri”, “trajinar”, etc.) y de la segunda persona con la que se dirige a ellos de un modo más directo, implicándoles así en su argumentación: “Mientras lees…” o “Y déjenme añadir algo”.

Por lo dicho anteriormente, podemos afirmar que predominan en el texto tanto la función expresiva del lenguaje como la apelativa. Pero también ocupa un lugar importante la estética o poética, pues no debemos olvidar que el autor del texto es además un escritor literario y su estilo en ocasiones así lo demuestra. Por ejemplo, esta función se manifiesta claramente cuando Pérez Reverte habla de lo que la lectura significa para él, una parte del texto en la que emplea un tono poético y varios recursos estilísticos con los que consigue dotar a su discurso de una mayor originalidad y expresividad (paralelismos, enumeraciones, metáforas, hipérboles…): “Porque leer no tiene nada que ver con eso. Me refiero a leer de verdad, en comunión estrecha con algo que educa tu espíritu, que te hace mejor y consciente de ti mismo […] el verdadero lector es capaz de seguir haciéndolo a la luz de una vela, de un encendedor, o a la luz de la luna llena reflejada en la arena de un desierto.”

En cuanto a su tipología, podemos afirmar, atendiendo a su ámbito de uso, que se trata de un texto periodístico de opinión, perteneciente a un artículo de mayor extensión titulado “Leer con la luz de la luna”, que fue publicado en la revista “XlSemanal” en noviembre de 2010. Posee, por tanto, características de los textos periodísticos, como la actualidad del tema abordado y el uso de un nivel estándar de la lengua, combinadas con otras propias de los géneros de opinión que ya hemos comentado anteriormente: la subjetividad, la valoración, la libertad de estilo, la ironía, etc.

Con respecto al modo de elocución, nos encontramos ante un texto argumentativo, ya que el autor defiende una idea (la prevalencia del libro de papel sobre el electrónico) aportando argumentos de distinto tipo, con el fin de influir en los lectores.

Mi opinión acerca del tema planteado en este texto coincide en parte con la del autor, sobre todo porque yo tampoco entiendo esa obsesión por presentar las dos opciones como incompatibles en lugar de contemplarlas como complementarias. Supongo que se debe a esa tendencia española a polarizar y a obligarnos a elegir siempre entre dos, desde bien pequeños. ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? ¿A quién votarás, al PP o al PSOE? ¿Qué eres, del Madrid o del Barça? Y ahora, ¿qué eliges, el libro de papel o el electrónico? Siempre blanco o negro, sin admitir matices. En fin…

Entrando en materia, creo que los libros digitales, también conocidos como ciberlibros o e-books, tienen en efecto sus ventajas. Aparte de las que menciona el autor en el texto (como la facilidad de portabilidad o la posibilidad de aumentar el tamaño de la letra) también cabría señalar otras, como el ahorro de tinta y de papel que supone su uso, o la posibilidad de enriquecimiento del texto a través de enlaces multimedia. Por otra parte, no es del todo cierto que en los libros digitales no se puedan hacer anotaciones en los márgenes, como afirma Pérez Reverte, pues de hecho muchos e-books ya permiten esa opción. Tampoco es probable que la batería te deje a medias, porque las nuevas tecnologías empleadas en los últimos modelos de libros digitales permiten que ésta dure incluso semanas. Y tampoco estoy del todo de acuerdo con que siempre que leamos en el formato digital nuestra atención tenga que “desparramarse”. Estoy segura de que hay lectores que cuando realmente están sumergidos en la lectura de una novela en un soporte electrónico no se dedican a abrir otras ventanitas ni para chatear ni para ver cómo va su equipo de fútbol, de igual forma que habrá otros que tengan entre las manos un libro de papel pero que estén cada dos por tres mirando su teléfono móvil.

En realidad, el mayor inconveniente que le encuentro a los libros digitales no afecta tanto a los lectores como a los propios escritores, pues una vez que sus obras están en la red es mucho más difícil llevar a cabo un control comercial sobre ellas, y resulta mucho más sencillo realizar copias no autorizadas de las mismas. La piratería que ha afectado al mundo de la música se extiende de este modo al de la literatura, y eso sí que podría resultar un problema tanto para los escritores como para los editores.

Aparte de esa cuestión, el debate me parece bastante trivial y creo que, como afirma el autor, son los lectores quienes tienen que elegir el soporte que más les guste, que además tampoco tiene por qué siempre el mismo. Pienso que lo importante es que se lea y que el canal empleado es algo secundario. Si los e-books han resultado lo suficientemente motivadores para que alguien que no lo hacía se haya animado a leer más, bienvenidos sean.  Porque, en eso sí que estoy totalmente de acuerdo con Pérez Reverte, leer nos ayuda a entendernos mejor, nos consuela de nuestros males y nos hace mejores de lo que somos. Así que os animo a que leáis, si es con la luz de la luna o con la de una pantalla es lo de menos, ¿no os parece?

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